La prudencia es una de las fortalezas personales más poderosas en el ser humano, pues nos abre la puerta a otras muchas virtudes como la equidad, la humildad o la inteligencia social.

Ser prudente significa tener la capacidad de reflexionar y considerar los efectos que nuestros actos pueden comportar, para así actuar en consecuencia y causar los mínimos daños. Se trata de actuar con moderación, juicio y sensatez, teniendo en cuenta la realidad que nos rodea.

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